Llegué a Entre los rotos porque me interesaba leer voces latinoamericanas jóvenes que se atrevieran a explorar lo íntimo, lo doloroso, lo real. Y así fue: lo que me encontré fue un relato intenso, oscuro, conmovedor, que desarma silencios y reconstruye memorias rotas.
Título original: Entre los rotos
Editorial: Random House
Año de edición: 2019
Páginas: 176
ISBN: 9786073185950
La novela arranca con una bolsa de fotografías viejas: imágenes descoloridas, charcos, columpios, un loro azul, rincones de una infancia que la protagonista no termina de reconocer del todo. Esas fotos actúan como detonante —o como grietas que dejan a la vista un pasado violento: una casa donde el padre fue terror, donde los golpes, los gritos y las humillaciones marcaron a dos hermanos, dejando huellas profundas que no podían borrarse con el tiempo. La narradora —una de las hermanas— revisita su infancia, elige mirar el horror de frente, desmembrar el silencio y contar lo que muchos quisieron ocultar. Pero este no es un relato de víctimas: es un acto de valentía, de testimonio, de urgencia emocional.
La primera guerra a veces es la casa. La primera patria perdida, la familia. Un esposo puede ser un buen cómplice. Un hijo también llega a serlo.
Lo que distingue a Entre los rotos es su capacidad para transformar la violencia en lenguaje. Ventura Medina no recurre al sensacionalismo: su escritura es sobria, delicada, consciente del límite entre narrar y revivir trauma. Esa contención le da a la novela una potencia inesperada.
Además, la novela trabaja algo que pocas veces se aborda con tanta honestidad: la violencia machista en el seno familiar cuando los afectados son niñas y niños. No se centra en la madre como víctima —o al menos no solo—, sino en lo que ocurre con los hijos, en cómo esa infancia rota determina heridas que persisten en el adulto. La coerción, los silencios impuestos, los cuerpos marcados por el miedo, las relaciones íntimas distorsionadas, los ecos del maltrato: todo eso reaparece, muchas veces disfrazado de “normalidad”, repitiéndose en ciclos que la protagonista intenta romper, aunque el daño ya esté hecho.
Solamente quien ha vivido con una persona silenciosa entiende de qué manera el silencio puede llenar los espacios, apropiarse de ellos.
Leer Entre los rotos duele. Pero también libera. Porque al nombrar lo innombrable, Ventura Medina ofrece una forma de reparación simbólica —un reconocimiento de quienes han sufrido y siguen sufriendo; una invitación a la empatía; un espejo para quienes creen que el maltrato doméstico solo afecta de ciertas formas. Este libro pone luz en las sombras, da voz al olvido, reconstruye una memoria fragmentada con honestidad brutal.
La novela deja preguntas que no son fáciles de responder: ¿qué pasa con quienes sobrevivieron a aquella casa? ¿Se pueden reparar los vínculos rotos con palabras, con escritura, con revisitar traumas? ¿Qué hacemos con esas memorias que la sociedad prefiere enterrar?
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