DATOS DEL LIBRO
Título original: La dependienta
Editorial: Duomo
Año de edición: 2016
Páginas: 162
ISBN: 9788416634620
Keiko Furukura trabaja desde hace casi dos décadas en un konbini. Ese dato, aparentemente neutro, es el centro de una fricción constante con el mundo. Keiko no encaja y lo sabe. Observa la realidad como un sistema de normas que aprende a reproducir para sobrevivir, no por deseo de pertenencia, sino por necesidad práctica. No hay dramatismo en su mirada, sino una lucidez aplastante: ella entiende antes que nadie que la normalidad es una coreografía aprendida.
Creo que es así como sobrevive la humanidad: por contagio.
Me conmovió profundamente la dulzura de Keiko y su autoconocimiento. Me duele de una forma silenciosa y profunda la insistencia del entorno en “curarla”, en corregirla, en empujarla hacia una vida que no desea. La violencia que atraviesa la novela no es explícita: se manifiesta en los consejos bienintencionados, en la presión por cumplir etapas, en la idea de que hay algo defectuoso en quien no responde al molde. Murata retrata esa violencia simbólica con una precisión inquietante porque pasa por ella de puntillas, sin detenerse demasiado y eso lo hace aún más doloroso.
El mundo normal es un lugar muy exigente donde los cuerpos extraños son eliminados en silencio.
El momento más potente del libro llega cuando Keiko se acepta a sí misma como dependienta antes que como humana. No como derrota, sino como elección. La tienda es el único espacio donde su existencia se ordena, donde su cuerpo y su pensamiento encuentran sentido. Frente a la exigencia de ser “normal”, Keiko rechaza la estandarización social. No hay deseo de transformación ni de redención. Solo una aceptación radical de lo que es.
Me he dado cuenta. Antes que humana, soy dependienta. Aunque como humana sea defectuosa, aunque pueda morir de hambre si no tengo dinero para comer, no puedo evitarlo: todas las células de mi cuerpo existen para la tienda.
La dependienta es una crítica feroz, y a su vez muy contenida, a la normatividad y a la obsesión por una felicidad única. Me emociona cómo la novela construye la idea de bienestar desde lo mínimo, lo repetido, lo cotidiano, sin heroicidades ni grandes revelaciones. El lenguaje es limpio, sencillo, directo; no explica más de lo necesario. Deja espacios en blanco, silencios incómodos, zonas que el lector debe habitar.
Al cerrar el libro me quedé pensando en cuántas veces confundimos cuidado con corrección. En por qué nos perturba tanto quien no quiere lo que se supone que debe querer. En qué violencias ejercemos, incluso sin darnos cuenta, cuando intentamos normalizar la diferencia. En la contraportada del libro se habla de Keiko como una heroína inconformista e inolvidable y desde luego lo es.

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