Todo este espacio

    Aaaaaaaaains, la poesía siempre me salva. Hay momentos en los que no soy capaz de entrar en una novela, cuando la prosa se me hace demasiado larga, demasiado densa… y entonces mi cuerpo me pide instintivamente echarme un poco de poesía a los ojos. Ahí es cuando busco poemarios como una loca, como si fueran oxígeno.

 Fotografía extraída de Filnyc

DATOS DEL LIBRO:
Autora: Ana Vidal Egea
Editorial: Prensas de la Universidad de Zaragoza
Año de publicación: 2019
Páginas: 92
  
  Todo este espacio me llegó como un regalo. Fue mi amiga Julia quien me lo puso en las manos, y aún conservo en la primera página su dedicatoria a lápiz, lo que convierte este ejemplar en algo más íntimo, casi un talismán.

    Confieso que reseñar poesía no me resulta sencillo, así que seré breve. Lo que más me gusta de este poemario es su capacidad de abrir hueco: entre el ruido, entre los días, entre la vida que siempre corre demasiado deprisa, la voz de Ana Vidal Egea se detiene y nombra lo que parecía inasible. Leerla es como ensanchar el aire alrededor.

   Se nota que es una autora atravesada por la reflexión sobre la vida y la muerte —no es casual que en su trayectoria haya escrito sobre el final de la vida— y esa experiencia se filtra aquí: cada poema parece una conversación con lo que ya no está, pero también un recordatorio de lo que permanece. Hay melancolía, sí, pero también un pulso vital que insiste, como un latido que se resiste a apagarse.

    El penúltimo poema, titulado Amor, se ha convertido en mi favorito. No solo por la belleza de sus versos, sino porque en él encontré un ideal romántico que resuena con el mío, un amor que no aprieta ni reduce, sino que abre, acompaña y deja espacio. Ese poema ya no lo leo: lo llevo conmigo.

  
                     AMOR
Aunque no permanezcas, yo te conozco,
resuena en mi vientre tu voz encendida de dicha,
alumbrando cada célula y cada hueso, reverberan
como fuego incombustible, y yo vuelvo a ser joven,
me quedo en esa alegría exacta, vibrante, contigo,
donde estoy sana y la belleza es íntegra como un
                                                                [bosque.
Juntos somo en cada lugar y en cada acción, el
                                                                [agua,
no hay nada en mí que esté en sombra,
tus manos vienen a mí para crearme, y aparezco,
me devuelves al momento antes de nacer, y todo es,
vuelvo a descubrir la vida desde el principio.

Te he visto en muchos cuerpos, detrás de muchos
                                                                    [ojos,
reconozco el calor de la piel, a qué hueles,
la llama que celebra el reencuentro cuando me mira,
la plenitud de saber que estás, que has vuelto,
y cada vez que ocurre entiendo la existencia,
cobro sentido, me convierto. Yo te conozco,
puedo recomponerte a través de voces, manos,
acentos, palabras, gestos, momentos, pupilas,
como un puzle, has estado en cada alma que quise,
y ahora te multiplicas y expandes, y yo te respiro.
    Todo este espacio es un libro que recomendaría a quienes creen que no leen poesía “porque no la entienden”. Aquí no hay artificio ni distancia: hay una voz clara, cálida y lúcida que recuerda que la poesía no es un género aparte, sino otra forma de mirar.

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