Editorial: Booket (acaba de salir la edición bolsillo)
Año de publicación: 2023 la novela, 2025 esta edición
Páginas: 236
Soy un token, lo que leo fuera del trabajo, las cuestiones fundamentales en las que creo y por las que intento luchar cuando no estoy demasiado cansada le sirven a la empresa para dar una mejor imagen de puertas para fuera.
Esa contradicción late en cada página: feminista pero afeminada, culpable pero engranaje, lúcida pero atrapada. Serrano consigue que esa maraña de tensiones resuene de manera brutal con quienes nos acercamos a los treinta y sentimos que, de algún modo, no estamos habitando la vida que habíamos imaginado. El libro habla de alienación y de cansancio, pero lo hace con un humor ácido que a veces arranca una risa amarga, y otras deja al descubierto lo insoportable del vacío.
En el momento en el que comprendes que la mayoría de la gente de tu trabajo te deshumaniza, es más fácil deshumanizarles a ellos.
Me conmovió ver cómo Marisa se esfuerza por mantener la máscara hasta que se resquebraja. Esa fractura silenciosa, ese desmoronamiento que no llega de golpe sino como un goteo constante, es de una verosimilitud dolorosa. Y creo que ahí está la fuerza de la novela: en no ofrecer un estallido catártico ni un final consolador, sino en recordarnos que el malestar forma parte de lo que somos y de cómo habitamos este tiempo.
Al final, en la vida necesitamos pocas cosas: alguien que nos quiera, una cama con grandes almohadones, unas latas de cerveza bien frías y unos tomates que sepan a algo.
El descontento nos recuerda que no estamos solos en este hastío generacional. Y aunque a veces parezca que la vida es una cadena de trabajos mediocres, reuniones absurdas y memes para sobrellevar la semana, leer a Serrano me ha hecho sentir que, al menos, podemos reírnos juntos de la desgracia. Marisa ya es de esas amigas con las que quiero compartir un vino barato, quejarnos del curro y brindar porque, a pesar de todo, seguimos aquí, con nuestras contradicciones y nuestras ojeras.
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